Los hijos de la paz

La última marcha de las Farc avanzaba. A pie, camionetas, chivas, pangas, botes, a mula o a caballo, no importaba cómo, pero centenares de guerrilleros abandonaban los puntos de concentración a los largo del país para llegar a las 26 zonas veredales para continuar con su proceso de dejación de armas y regreso, por qué no, a la vida civil.

Cinco de esas zonas se encuentran en Antioquia, ubicadas en Vigía del Fuerte, Anorí, Segovia, Dabeiba e Ituango y al menos ya 945 guerrilleros ya están concentrados en ellas, pese a los retrasos en las obras como carreteras, campamentos y servicios públicos.

Los videos y fotografías que registraba la última marcha se fueron convirtiendo en virales en redes sociales. Guerrilleros, soldados e integrantes de la ONU tratando de sacar un vehículo del fango; dos soldados y un subversivo en un bote tratando de reparar parte del motor para continuar río abajo; un centenar de rebeldes llegando a una de las zonas veredales, saludando a un militar que custodiaba el sector.

Imágenes impensadas hace treinta, veinte, diez, cinco, dos años. Incluso, hasta el pasado diciembre, muchos creían imposible que las Farc se movilizaran para dejar por fin las armas, y otros, los más radicales y escépticos, todavía se niegan absurdamente a esta nueva realidad y a darle una nueva oportunidad al país y a los hijos que llegan.

En medio de esa caravana, los guerrilleros llegaban en fila y al hombro, aún sus fúsiles, pero también la ropa, balones, ollas, perros, loros, sonrisas y niños.  Decenas de guerrilleras llegaban con sus bebés en brazos, algunos pequeños caminando tomados de la mano y otras, con sus barrigas y un avanzado embarazo.

Dos de ellas, Alicia y Sandra, salieron desde el municipio de Tarazá en bus escalera hasta el corregimiento Santa Lucía, toda una travesía por carretera destapada. Sonrientes, las dos jóvenes contaron emocionadas las anécdotas del viaje, la esperanza que tienen en el proceso de paz y el futuro para sus bebés: “Tener un hijo en este momento es muy bonito y muy hermoso para uno como mamá”, dijo Alicia. “Voy a ajustar cinco meses. Me siento dichosa y feliz”, aseguró Sandra. 

Mientras la Defensoría del Pueblo aseguró que al menos 300 bebés podrían nacer en las zonas veredales, las Farc aclararon que hay 80 guerrilleras embarazadas y 66 niños que nacieron recientemente en los puntos de concentración. Cerca de 150 niños que no crecerán en medio de combates o que incluso, tuvieron la oportunidad de vivir porque los casos de aborto al interior de las Farc se pueden contar por centenares.

Yanis y Javier, como posiblemente se llamen los hijos de Alicia y Sandra, serán dos nuevos “niños de la paz”, tal y como los llamó el Defensor del Pueblo Carlos Negret. Ellos dos, seguramente nacerán en esta zona veredal de Santa Lucía en Ituango, mientras sus madres dejan las armas, abandonan la guerra y regresan a la vida civil. 

Ahora es tarea de todos velar para el proceso de paz termine con la dejación de las armas, las Farc entreguen a los menores de edad que tienen en su poder y acoger a esos niños que nacen en los campamentos. Es una obligación urgente evitar que nuestra trágica historia violenta se repita para que los niños de la paz sean todos los que nacen por estos días en el país y tengan por fin una Colombia diferente.