En el Circo de Las Estrellas, aprender es más fácil

Entre las aulas de la Institución Educativa Concejo Municipal de La Estrella  existe una, que de manera especial, atrae a los estudiantes. En su interior no hay sillas ni tablero, y en cambio los monociclos, diábolos, aros, disfraces y maquillaje son elementos básicos en el salón más deseado por los jóvenes de esta institución: el Circo de Las Estrellas.

Su promotora, la docente Sandra Dominguez Rendón, no es cirquera. Desde niña siempre tuvo pasión por estas artes cuando sus padres la llevaban a los circos que llegaban a su barrio en Envigado. Luego desde sus estudios en Brasil de la pedagogía Waldorf, la cual se basa en conocimientos íntimos de la naturaleza humana respetando sus aspectos físicos, anímicos y espirituales, incluyó desde hace ocho años en la enseñanza de la educación física las actividades circenses.

Al inició la labor no fue fácil, los estudiantes estaban acostumbrados a que esta asignatura fuera sinónimo de jugar fútbol; además la exigencia de los ejercicios obligaba mucho más esfuerzo de los jóvenes, quienes en muchos casos se negaban a realizarlos al sentirse incapaces. No obstante, el sacrificio y la dedicación de la profe Sandra produjo que los estudiantes vencieran sus miedos y superaran sus propios límites.

“El circo es una excusa para educar en valores, la solidaridad, la ayuda, y allí cada uno marca sus propios límites y los supera. Es decir, aquí se aprende a ir por la vida porque trabajamos a través del arte los niveles de frustración y contribuimos a la recuperación de los niños con limitaciones físicas”, explica la docente, quien es también fundadora de la Fundación Arca Mundial que trabaja con personas con discapacidad cognitiva.

Por ello, a partir del malabarismo, el monociclo, las cuerdas, la tela, entre otras, se trabaja  la coordinación, la resistencia y el equilibrio. Para cumplir tal cometido fue fundamental contar con el apoyo incondicional de las directivas de la Institución Educativa y de la Secretaría de Educación Municipal, quienes compraron balones pero también monociclos, diábolos y aros.

Tal ha sido el impacto de esta estrategia en los jóvenes, que el año anterior los estudiantes de undécimo grado quisieron ir más allá de las actividades normales de clase y montaron un espectáculo circense para recorrer los barrios de La Estrella y brindar un espectáculo a los niños de los barrios más populares.

“El año pasado hice parte del Circo y una vez que conocí los diábolos me gustaron y lo sigo practicando. Ahora ya lo asumo como un estilo de vida porque cada vez uno quiere experimentar más cosas y adquirir más elementos”, asegura Kener León Torres, quien confiesa además que educación física se convirtió en su clase favorita, que le hizo reemplazar el fútbol por las malabares y que ahora piensa en ser un artista profesional.

Pero Kener no es el único. Sandra cuenta que ya dos de sus estudiantes son reconocidos artistas y aunque confiesa que “no sé para dónde va todo esto”, espera que el Circo llegue a otras asignaturas como las matemáticas y la física para así atraer mucho más a los estudiantes a la academia sin que se convierta en una obligación.

“Esto es una magia. En el Circo todo se vale y es la mejor herramienta pedagógica que he podido encontrar para poder que los muchachos encuentren voluntad y dedicación”. Ahora Sandra, la ‘profe cirquera’, disfruta del premio Antioquia La Más Educada y espera los resultados de los jurados del premio Compartir al Maestro, mientras que dedica su poco tiempo libre para seguir documentado su experiencia y lograr que el Circo de Las Estrellas llegue a más colegios y los docentes vivan la educación como ella la siente: con pasión circense.

 

ALEJANDRO CALLE CARDONA

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