Los rostros del retorno

Granada es tal vez uno de los municipios más golpeados por el conflicto armado en el país. Esta pequeña población ubicada en una montaña del oriente antioqueño sufrió por la presencia de todos los grupos armados ilegales. Pero fue el 6 de diciembre de 2000 cuando con un carro bomba en frente de la estación de Policía y varios cilindros lanzados, las Farc destruyeron parte del pueblo y dejaron 22 personas muertas.

Las minas antipersonal sembradas por las guerrillas generaron temor entre los habitantes, las masacres por parte de grupos paramilitares y las amenazas de ambos obligaron a que los campesinos abandonaran de manera masiva sus fincas. Situación similar ocurrió en San Carlos, municipio vecino, que incluso solo quedó con el 20% de sus habitantes por cuenta del éxodo, asesinatos y desapariciones forzadas.

En 2010 el Batallón de Desminado Humanitario 60 del Ejército Nacional llegó a esta región para investigar los casos denunciados, logrando en seis años de trabajo en un terreno montañoso y quebrado, desminar gran parte del territorio. Seis años de trabajo de los desminadores permitieron que el campo en Granada, así como en San Carlos, Guatapé y San Francisco, estos tres últimos declarados libre de sospecha de minas, fuera ocupado nuevamente por sus antiguos habitantes.

Uno de ellos es don Bernardo Alirio, quien tras el asesinato de su hermano abandonó su finco en compañía de su esposa.  Sin embargo, gracias al desminado, al mejoramiento de condiciones de seguridad y al programa de restitución de tierras retornó a su finca y desarrolló su proyecto de cría de cerdos. Mientras consiente a “Mona”, como llama a su cerda de cría preferida, asegura que el campo cada vez más vuelve a su normalidad.

Hasta ahora cinco municipios han sido desminado en el país, tres de ellos en Antioquia, permitiendo además en San Carlos y Granada, la restitución de mil hectáreas de tierras y la inversión de 3.1000 millones de pesos en proyectos productivos como café, cacao, ganado, plátano, mora, caña y panela, por parte de la Unidad de Restitución de Tierras.

Los batallones y organizaciones de desminado continúan arriesgando su vida para retornar la tranquilidad en el campo colombiano y que este recupere sus rostros, aquellos que reflejan la alegría y fortaleza para vencer el dolor y sembrar de nuevo la esperanza.