La última carambola en el Maracaibo

Al igual que lo ha hecho cada noche durante los últimos 51 años, Jairo Quintana camina sin afán por las calles del Centro de Medellín, cruza por Junín con la calma de quien conoce el camino, sabe que está cerca de llegar a su destino, la calle 53. A mitad de la cuadra se detiene frente a una pequeña puerta de acero, en cuyo marco se alcanza a leer, escrito con una pintura que ya descascara, “Club de Ajedrez y Billares Maracaibo”.

Comienza a subir las escalas hacia el segundo piso y con cada peldaño que avanza se hace más clara la letra de un viejo tango que suena de fondo: “yo no sé qué me han hecho tus ojos que al mirarme me matan de amor, yo no sé qué me han hecho tus labios que al besar mis labios se olvida el dolor”, la clásica melodía del difunto Francisco Canaro, que se hace perpetua al interior del recinto.

Ya adentro, luego de haber saludado a un grupo de hombres cuyas canas delatan su edad, se acerca a la barra de madera en forma de U, que está en la mitad del salón, pide un aguardiente y, entre groserías y camaradería, le hace un par de chistes a “Beto” el cantinero.

Jairo sabe que esta no es una noche más de juegos y charlas con sus amigos en el Maracaibo, esta vez vino a despedirse del lugar al que por más de medio siglo llamó su “segunda casa”, pues el dueño decidió luego de 54 años de carambolas, jaques y brindis, que el Club debe cerrar para convertirse en un hotel.

“Es una tristeza muy grande saber que lo van a cerrar. Estos últimos días nos hemos estado preguntando ¿Y ahora qué? ¿Para dónde nos vamos? porque, aunque hay muchos billares, va a ser imposible que coincidamos todo el grupo de amigos en el mismo lugar. El dueño no entendió lo que significaba el Club Maracaibo para nosotros”, lamentó Jairo, mientras se disponía a jugar su último ´chico´ en el billar.

Las once mesas Europa están ocupadas, sobre cada una cuelgan tres lámparas de cobre rojo que iluminan el paño color verde jade en el que ruedan las tres bolas de marfil: blanca, roja y amarilla, que esperan para enhebrar una carambola de fantasía.

El Club abrió sus puertas en febrero de 1962 y aunque hoy en día es popular por sus billares, fue gracias al ajedrez que obtuvo un renombre durante sus primeras décadas. Así lo relata Alberto Arango, más conocido como “Beto” el cantinero, quien luego de haber sido cliente durante 14 años, hace un mes decidió pasar al otro lado de la barra, para atender a sus excompañeros de juego y bebida.

“Este siempre ha sido un lugar de cultura; por acá pasaron grandes maestros del ajedrez como Óscar Castro, Carlos Cuartas y Boris de Greiff, quienes fueron campeones suramericanos y obtuvieron reconocimiento internacional”, agrega el cantinero.

Incuso el actual gobernador de Antioquia, Luis Pérez, cuando aún era profesor de la Universidad Nacional, pasó por los tableros de ajedrez del Maracaibo, y les enseñó a jugar a muchos de los que todavía asisten al Club; como es el caso de Mauricio Lopera, quien asegura que nunca le pudo ganar una partida a Pérez.

“Las veces que tuve la oportunidad de jugar con él, siempre me volvió ropa de trabajo, nunca le pude ganar. Claro, si el hombre era monitor de deportes de la Universidad Nacional y el deporte allá era el ajedrez”. Recuerda Lopera, quien visita el Club cada semana desde hace 42 años.

El pasado sábado 27 de febrero el Club Maracaibo cerró sus puertas para siempre, según su administrador, John Baena, porque este ya no era rentable, pero sus visitantes, aquellos que por décadas celebraron las carambolas y partidas de ajedrez, dicen que con el cierre les quitaron una parte de sus vidas, su segundo hogar, su segunda familia. Ya ell luminoso anuncio de Club Maracaibo no se encenderá más.

 

Por: Alejandro Zapata

Fotos:Alejandro Zapata

Olga Lucía Díaz- www.olufotografia.com