La pequeña primera dama

Con tan solo 18 años, María Valentina Montoya Sánchez, por cosas del destino se convirtió en la primera dama de Sabaneta. La hija del alcalde Iván Alonso Montoya es la más joven en ocupar este cargo en el departamento y trabaja, cuando el estudio la deja, para mejorar la calidad de vida de los niños y jóvenes de su municipio.

Es sábado y aunque llueve no puede quedarse en casa viendo la televisión o simplemente durmiendo. Coordina los últimos detalles y emprende camino hacia la vereda María Auxiliadora para reunirse con los niños de este sector vulnerable de Sabaneta, el mismo donde muchos creen que los pobres no existen.

Nunca está sola, a pocos metros de ella siempre está alguien de su equipo, su novio, alguna amiga del colegio o el Secretario General de la Alcaldía, de quien dice se ha convertido en su gran respaldo para lograr sus objetivos. Pese a su corta edad, tiene claro que para lograr las transformaciones sociales que necesita Sabaneta solo hace falta algo: “amor y voluntad política”, dice tajantemente, mientras varios niños se acercan a saludarla y a tomarse una foto con ella.

Pero Valentina, como le gusta que la llamen, lleva el liderazgo en el ADN. Fue representante estudiantil y personera en la Institución Educativa El Carmelo, “donde siempre busqué el bienestar de todos mis compañeros”. Desde niña se convirtió en la sombra de su padre durante sus correrías políticas, sufrió cuando por pocos votos vio cómo él perdía la Alcaldía de Sabaneta en 2011.

Incluso de aquella campaña tiene el momento que más recuerda y el cual dice la enamoró de lo que hace. “Era el cierre de la campaña y recuerdo que cuando llegamos el auditorio estaba lleno. Mi papá, mi mamá, mi hermano y yo entramos y todos aplaudían y gritaban porque querían un cambio, pero esa vez no fue posible”, recuerda.

Sin embargo el golpe más duro que le ha dado la vida fue la muerte de su madre, Martha Sánchez, hace poco más de tres años. Tenía 15 años, pero asegura que ya estaba preparada para la noticia “porque mi mamá siempre nos hablaba de eso. Nos decía que podía pasar, pero lo más bonito es que todo lo que nos enseñó fue para saber cómo enfrentar todo lo que se nos venía a mi hermano y a mí”, dice.

La conversación fue interrumpida, debía entregar los dulces a los niños de la vereda, quienes en la mañana habían dibujado cómo se sueñan esta Navidad y lo que querían recibir de regalo. Y es que eso es lo que más le apasiona a Valentina, quien aunque ya es una adolescente, juega a ser niña y como un capricho se le metió en la cabeza cumplirles el sueño de Navidad a los más pequeños y no se sonroja cuando asegura que lo va a lograr.

Vuelve a la silla y cuenta que una semana antes de la posesión como alcalde, su padre le preguntó si quería ser la primera dama, a lo que contestó que sí pero sin imaginar lo que eso significaba. El primero de enero estuvo cerca de él, al igual que de su hermano David de 12 años, de quien también está pendiente por si hace cualquier travesura.

Valentina es estudiante de comunicación social en la Universidad Pontifica Bolivariana y se alista para cursar el tercer semestre, aunque le tocará organizar mejor su horario para no afectar la academia ni sus funciones. Cuando no está estudiando ni como primera dama, le gusta hacer las cosas que hacen sus amigas normalmente, ir de compras, a cine, dormir y pasar tiempo con su familia, amigas y su novio.

Es tímida, pero cuando habla de trabajo comunitario no titubea. Le preocupa el alto consumo de sustancias alucinógenas en los jóvenes y los conflictos familiares que afectan a los niños de sus municipios, por eso dice que su trabajo estará enfocado en ellos.

Se levanta de nuevo de la silla, se dirige hacia donde están todos los niños para tomarse una foto y despedirse. Sonríe, es feliz.