En Sabaneta todos le dicen sí a El Plebiscito

Corría el año 1957 y en Colombia se convocaba a un plebiscito para determinar, entre otras cosas, si otorgaba los mismos derechos políticos a las mujeres que a los hombres. La consulta, bajo el gobierno del general Rojas Pinilla, permitió que  las mujeres ejercieran su derecho a votar. Pero también se fundó el Frente Nacional y se designó la religión católica como la oficial del país, una polémica decisión que negaba la diversidad de creencia o de no creer.

 

Por aquel año, Nevardo Montoya, famoso habitante del entonces corregimiento Sabaneta,  y de quien dicen vio la imagen de María Auxiliadora, decidió fundar una pequeña tienda y billar en el sector Calle Larga. Lo llamó El Plebiscito y por estos días, ha recibido más visitantes que de costumbre.

20 años después de su fundación, en 1977, el señor Rogelio Palacio y su esposa Lilian Palacio, le compraron el bar y la casa a Nevardo Montoya por doce mil pesos, y ellos, a su vez, se lo heredaron a sus actuales propietarios: Alicia Palacio -hija de Rogelio y Lilian- y su esposo Luis Fernando Marín López. Doña Alicia es la encargada, desde hace más de 30 años, de atender la barra, mientras don Luis Fernando, encargado de poner la música. Algo de salsa, uno que otro bolero y hasta tango y música carrilera, de acuerdo a los clientes.

Doña Alicia es tímida, no le gustan las fotos, pero nunca pierde las cuentas a cobrar. Ella, al igual que su esposo y los que a esa hora de la noche de viernes acudían al bar, aseguran sin dudar que El Plebiscito  es un punto de referencia en Sabaneta.

El bar, una casa antigua de fachada blanca y café, marca el inicio o el final de Calle Larga, el barrio más antiguo y tradicional de Sabaneta, y paso obligado si su destino es el cementerio municipal, no porque sea el último paso antes de la muerte, sino porque desde esa esquiva se divisa el campo santo. “Esto tenía mala fama porque a principios de los años 70, hubo una pelea donde terminó muerto un vecino, pero por puro descuido porque en vez de llevarlo al hospital, lo sentaron y le dieron agua fría y ahí quedó”, recuerda don Fernando.

Ahora, El Plebiscito es punto de encuentro de los vecinos, de los más viejos y de algunos nuevos, quienes acuden para encontrar un ambiente familiar y el mejor tinto del barrio. En la primera parte del bar se puede disfrutar de una charla o del fútbol ante la atenta mirada de doña Alicia, quien se asoma tras la barra para ver si alguien quiere algo más.

Cruzando la puerta de madera, el bar se convierte en un pequeño casino donde los colores y sonidos de las máquinas tragamonedas se mezclan con el ruido que hacen los dados al chocar con parqués y el grito de los jugadores. Y más allá, luego de la segunda puerta, una enorme casa que muy pocos conocen.

No nos quedamos con las ganas de preguntar que opinaban del Plebiscito que votaremos el dos de octubre, a lo que nos contestó Luis Fernando: “yo sí estoy de acuerdo para que se acabe esa pendejada de la guerra, aunque el gobierno se aproveche de la cucharita y acabe de Nobel de la Paz. Por ahí me dijo mi nieto que en redes sociales ya estaban diciendo que, si ganaba el Sí, se iban a venir a celebrar acá al Plebiscito, por acá los esperamos”.

Afuera las opiniones son repartidas, incluso algunos aseguran no saber de qué se trata. Lo cierto es que desde hace casi 60 años a El Plebiscito de Sabaneta muchos le dicen sí.

 

Por: Alejandra Quirós Vélez

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