La furia de Doña María

El pasado 9 de abril la quebrada Doña María de Itagüí mostró nuevamente su fuerza. Las fuertes y constantes lluvias aumentaron su cauce y provocó su desbordamiento en algunos barrios altos, inundaciones en vías y varios sustos. La corriente tomó por sorpresa a un grupo de habitantes de calle que dormía cerca de la desembocadura al río Medellín y tres de ellos fueron arrastrados por el agua.

La Doña María nace en cercanías del cerro del Padre Amaya a una altura de 3.150 metros sobre el nivel del mar en el corregimiento de San Antonio de Prado de Medellín y cruza a Itagüí de occidente a oriente. Es el principal afluente de este municipio y se convirtió en el corredor ambiental de especies arbóreas y algunos animales como zarigüeyas, gallinazos, ardillas, iguanas y decenas de aves como petirrojos, siriri común, azulejo, barranquero y tórtolas.

Desde que Itagüí fue habitado por las comunidades indígenas, la quebrada se convirtió en fuente de alimento gracias a sus caudalosas y cristalinas aguas. Pero la industrialización y urbanismo fue poco a poco quitándole vida a la Doña María. Sus aguas recibieron los desechos humanos e industriales y quienes habitaban cerca de ella, así como los gobernantes locales, le daban la espalda dejándola morir.

Desde la década de 1970 en adelante, las inundaciones eran continuas debido a las fuertes lluvias pero también a los barrios que crecieron en su ladera. Aunque se realizaron obras para mitigar el impacto, estas no fueron suficientes y por años, los barrios del sur y el centro de Itagüí sufrían por su desbordamiento.

Ahora la quebrada sufre su transformación más drástica producto de las obras del sistema Metroplús. Actualmente la empresa adelanta su canalización dentro del tramo 4A fase 1, entre el Parque del Artista y la calle 47A, a través de muros que avanzan en un 50% en los 1,2 kilómetros del costado nororiental y de los 500 metros del suroccidental.

Según Juan Manuel Galeano, director de Infraestructura de Metroplús, esto permitirá prevenir nuevas emergencias. “La capacidad hidráulica mejorará al pasar de 12  a 18 metros, tendrá mayor estabilización y permitirá un mayor y mejor monitoreo”, explicó. Pero el cronograma inicial no se cumplió, la fase 1 de este tramo tendría que haberse entregado el pasado 15 de abril pero solo hasta finalizando septiembre se contará con la obra que avanza en un 62%.

La razón: inicialmente la quebrada iba a ser canalizada a través de pilas gigantes pero el terreno provocó dificultades en las excavaciones y daños en tres piloteadoras, por lo que se optó por el muro que cumple con las mismas características.

Los habitantes de Las Acacias y barrios vecinos vieron también como cerca de 200 árboles que rodeaban la quebrada fueron trasladados y talados para dar paso a los carriles de Metroplús. La intervención también obligó el traslado de sus mayores habitantes: 56 zarigüeyas y nueve iguanas, mientras que las aves migraron a otras zonas arbóreas del sur.

Sin embargo el director de Infraestructura de Metroplús explicó que tras la tala de  cien árboles en ese tramo, fueron sembradas más de 140 unidades en el sector del humedal de Ditaires y otras 300 serán sembradas en el mismo corredor y otras zonas del municipio. “Estos árboles los estamos rustificando en Tolima para que lleguen a Itagüí en buen tamaño y condiciones que garanticen sus funciones ambientales”, indicó Galeano.

Las críticas y reparos a este proceso no se han hecho esperar debido al impacto ambiental a corto plazo en medio de una crisis ambiental que afronta la subregión. No obstante, la empresa de transporte explica que cuando entre en operación el sistema en 2018 disminuirán los niveles de contaminación.

Lo cierto es que la quebrada Doña María sufrirá una gran transformación en la mayor parte de su recorrido. Sin embargo con las lluvias aparece su furia que en ocasiones parece arrasar con lo que encuentra a su paso. Para muchos, la Doña María está más viva que nunca.