Nacional tiene un rincón del recuerdo en Envigado

 

Al fondo, en una rockola vieja pero intacta, sonaba el tango “Noche de Abril” cuando las tres chicas entraron en busca de una historia. Era uno de los tres bares de antaño más reconocidos de Envigado: El Atlenal.

Al frente, en el “Babalú”, se oían las románticas notas de “Te busco” en la voz de Celia Cruz. Y dos calles más arriba, en la 35, un viejo conguero retirado esperaba detrás de la barra por los clientes fieles que cada semana visitan su “Cabaña de los Recuerdos”.

Don Aníbal Rojas, un campesino de Angostura que llegó a Envigado después de recorrer todo el norte del país, es el orgulloso dueño del bar verde. Un coleccionista de discos de 78 rpm, amante del tango, del fútbol y de la cerveza.

A su lado, detrás de la barra, está su esposa Rocío cobijada con una Ruana para sortear el frío de las 10 de la noche. Desde hace 15 años, cuando compraron el bar, pasan juntos cada tarde y cada noche, de lunes a lunes, entre las 800 cervezas, los 2.000 discos y los más de 40 cuadros que cuelgan las paredes de su bar pero que también cuentan los triunfos, títulos e ídolos de Nacional.

Cada viernes el piano “Seeburg Selec Matic” se detiene para abrirle paso a voces en vivo que cantan tangos clásicos, esos que los clientes siempre quieren oír: La calle del pecado, Sangre maleva, Baldosa floja y Pa’ que sientas lo que siento. Todas canciones infaltables en el repertorio semanal.

Hasta estas tres esquinas ubicadas en el Barrio Mesa llegan todas las noches adultos que añoran sus años de juventud y jóvenes que disfrutan la buena música de antaño, el aguardiente, el ron cubano, el vino y la luz tenue.

Jessika, con cámara en mano le pregunta por la mejor fecha para visitar el Bar; don Aníbal responde sin titubeos: “el mejor día del año es la alborada”. El 30 de noviembre la fiesta de los bares cruza las paredes y ventanas y se instala en las calles. En el caso del Atlenal, con música en vivo: parrandera y lo de siempre, el tango. Y después, “se celebra toda la noche con lo más prohibido”.

En la mesa más alejada dos viejos amigos hablan de política y de fútbol y brindan con copas rebosantes de aguardiente. Parado, mirando fijamente el piano, está “El Ingeniero”, un cliente fiel que adora ver rodar el disco de 78 debajo de una delgada aguja, mientras a su espalda los cuadros de Raúl Garcés, Óscar Larroca y el inolvidable Carlos Gardel adornan majestuosamente la entrada al Bar.

En estas tres esquinas se concentran tantas historias como clientes y canciones se hacen presentes cada noche. “No tiene que preguntarme mucho, aquí hay tajo pa’ hacer una novela”, advirtió don Aníbal.

Por: Juliana Vázquez Posada

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.