Parque de las Tres Aguas se pierde en el abandono

Esquivando un colchón roto y algunas bolsas negras de basura, también rotas y acumuladas sobre la acera, Santiago, un pequeño caldense de once años de edad, se acerca sonriente al puente de acero oxidado que atraviesa el río Medellín y que comienza a ser devorado por la vegetación, para entrar al Parque de Las Tres Aguas en Caldas.

Una cancha de microfútbol en la que nadie grita un gol, una zona común desolada donde las bancas de madera se pudren por la humedad y, al fondo, un pabellón cerrado, cuyo nombre ya no enmarca su fachada, reciben a Santiago para jugar.

El parque, inaugurado el 9 de mayo de 2009, fue proyectado para desarrollarse en tres etapas, de las cuales solo se construyó la primera y en la que se invirtieron 7.000 millones de pesos. Un malecón alrededor del río, una terraza, jardines húmedos, juegos de agua y de arena, senderos en el bosque, estanque de lotos y una piscina olímpica quedaron en el deseo de los habitantes de Inmaculada, Olaya Herrera, Andalucía, La Miel y Las Margaritas, vecinos del parque, quienes ahora lo ven como un nicho de inseguridad.

“El parque está totalmente abandonado, nunca le han metido la mano, no tiene acceso para personas discapacitadas o bicicletas, y siempre que hay campañas para la alcaldía, los candidatos prometen que lo van a mejorar, pero se quedan en palabras”, comenta Blanca Nelly Fernández, habitante de Caldas.

Según Álvaro Restrepo, quien para ese entonces se desempeñaba como director de proyectos del Área Metropolitana, “el parque se construyó por la necesidad de emprender acciones, programas y proyectos para  lograr una mayor integración comunitaria, con alternativas familiares, sociales, culturales, deportivas y ambientales”, pero su finalidad nunca se logró.

Y es que el proyecto, que se perfilaba como el principal atractivo de turismo ambiental en el sur del Valle de Aburrá y un eje económico para Caldas, hoy en día se limita a una ludoteca, que a su vez sirve como salón de ensayos para algunas bandas de música y punto de encuentro para grupos de la tercera edad.

“En Caldas tenemos un problema sociocultural muy grande y es que acá no queremos lo propio, no cuidamos lo nuestro y por eso es que la comunidad no se ha apropiado del parque; no lo defiende porque no lo siente suyo”, manifiesta Gloria Amparo Calle, concejal de Caldas, quien además asegura además que este sector se ha convertido en un botadero de basura, “y en un lugar para fechorías y consumo de drogas”.

 

Por su parte, Uriel Suaza, secretario de Infraestructura de Caldas, explica que ya se adelantan gestiones con el Área Metropolitana para intervenir el parque. “Estamos evaluando la posibilidad de realizar los mantenimientos necesarios y darle un uso adecuado al parque, por ejemplo, que sirva como sede del Centro de Desarrollo Infantil, donde se podrían recibir hasta 300 niños, gracias a su capacidad”, explicó.

Y como si el abandono, el deterior y el olvido fueran poco para el Parque de las Tres Aguas, las inundaciones causadas por la confluencia de las corrientes del río Medellín, y las quebradas La Valeria y la Miel, -de ahí su nombre- han alejado aún más a la comunidad que acusa una mala planeación del proyecto.

Pero aunque para Raúl Gonzales, quien fuera el arquitecto-coordinador del proyecto entre 2007 y 2009, “el diseño y la concepción del parque se hizo teniendo en cuenta las condiciones del terreno, el clima y la riqueza del bosque, y aplicando conceptos modernos similares al parque de los Pies Descalzos para aprovechar las bondades del río”, estudios realizados por la Universidad Pontificia Bolivariana -UPB- revelaron que el parque está ubicado en una zona de alto riesgo.

El director de Área Metropolitana, Eugenio Prieto, indicó que actualmente la Entidad hace seguimiento a varios parques  del Valle de Aburrá, incluido el Parque de las Tres Aguas, para identificar en qué estado se encuentran y qué tipo de intervención requieren. “El abandono de los parques ambientales, al igual que las escombreras, son temas que el que alcalde nos ha pedido que analicemos detalladamente”.

Mientras se define su intervención, la cual no tiene tiempos establecidos, la soledad del parque invita a Santiago a hacer travesuras. Se quita sus empolvadas chanclas azules de caucho y comienza a trepar la reja que, rojiza por el óxido, encierra lo que alguna vez se soñó como una zona de juegos de agua y arena, pero hoy es un triste lugar abandonado.

 

Alejandro Zapata

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